Arte, ancestralidad y resistencia afrolatina alzan la voz contra el racismo ambiental en Seattle
En la memoria de los pueblos negros e indígenas de Abya Yala, el pregón no es simple canto callejero: es historia viva, es oralidad y resistencia. Desde los mercados coloniales hasta las calles contemporáneas, pregonar ha sido una forma de comunicar, vender, advertir y denunciar. Como recuerda la historiadora Ileana Rodríguez-Silva, los pregones personifican la creatividad popular y la fuerza de la oralidad como herramienta para desafiar órdenes sociales impuestos, jerarquías raciales y políticas de exclusión.
El pregón tiene raíces profundas. Su antecedente medieval en la Península Ibérica se transformó en Hispanoamérica colonial en una función ambigua: funcionarios proclamando edictos, hombres negros esclavizados o libres cargados de mensajes oficiales, y al mismo tiempo vendedores ambulantes transformando la calle en un escenario de intercambio de noticias, productos y críticas mordaces. Mujeres indígenas, africanas y mestizas compartían ese espacio, traspasando fronteras de género y raza, y convirtiendo el mercado en laboratorio de creatividad y resistencia.
Aunque la imprenta y la alfabetización desplazaron al pregonero oficial, la práctica no desapareció. Sigue presente en las calles de América Latina y el Caribe, resignificada por vendedores ambulantes y artistas que la mantienen viva frente a nuevas formas de marginación. Es, en palabras de Rodríguez-Silva, semilla de expresión artística contra el capitalismo publicitario y sus jerarquías.
Un acto político y espiritual en Pratt Park
El pasado domingo 17 de agosto, Pratt Park en Seattle se transformó en un mercado vivo, escenario y altar con “Pregones por la Justicia Ambiental”, Producido por Movimiento Afrolatino Seattle con la participación especial de grandes aliados como Otoqui Reyes y Los Hijos de Agüeybaná, y la Fundación Internacional de Capoeira Angola (ICAF) de Seattle.
Desde las 11:00 a.m., el espacio se llenó de mesas con vendedores afro, indígenas y la comunidad de Seattle; un mural de tiza elaborado por los jóvenes hondureños Ángel Daniel Mejía Calix y Ángel Josué Mejía Calix; caracoles, tambores y cantos para bendecir las cuatro direcciones; y un reconocimiento explícito al territorio indígena de la Costa Salish y a la memoria de quienes construyeron Seattle con trabajo esclavizado.
No fue un festival folclórico. Fue un acto político, espiritual y estético. Cada elemento -los pregones, el mercado, el mural, los tambores- tejía un mensaje: sin justicia racial no hay justicia ambiental.
Los pregones son gritos rítmicos que en tiempos premediáticos anunciaban noticias y productos. Hoy, reinterpretados por MÁS y artistas afrolatinos, son gritos contra la injusticia ambiental, cantos a la tierra y a la vida.
Los dos colectivos artísticos presentes co-crearon pregones originales junto a Common Acre y Black Star Farmers, organizaciones dedicadas a la justicia ambiental y racial.
Así, el pregón se convirtió en puente entre pasado y presente, del mercado colonial al parque público; del anuncio callejero al grito político.
Los versos improvisados resonaron con fuerza: “cortaremos la injusticia a machete” y “somos tierra, trabajo y tierra”. Palabras y ritmos que no solo conquistaron, sino que denunciaron un sistema extractivista, reivindicaron el derecho a migrar y expusieron el racismo ambiental que expulsa y envenena. Cada golpe de tambor y cada coro colectivo fue memoria, denuncia y esperanza.
El mercado improvisado no solo vendía productos: compartía saberes y memorias. La música, la poesía y el mural de tiza visibilizaron lo que suele ser invisible: que la lucha ambiental es profundamente racializada y que las comunidades negras, indígenas y migrantes no solo sufren primero el impacto de la crisis climática, sino que también imaginan y practican alternativas.
El arte afrodiaspórico no adorna, confronta
En Seattle, MÁS Pregones por la Justicia Ambiental dejó claro algo fundamental para el norte global: las expresiones afrolatinas no son folclore, son estrategias de sobrevivencia y resistencia. MÁS recogió ese legado y lo convirtió en acción colectiva: en vez de paneles académicos, tuvimos pregones; en vez de discursos oficiales, versos con machete; en vez de espectadores pasivos, comunidad participante, cantando, bailando, dibujando, comprando, reconociéndose.
Patrocinado por la Oficina de Artes y Cultura de Seattle, Parques y Recreación de Seattle y la Comisión de Artes del Estado de Washington (ARTsWA), el evento fue más que una jornada cultural: fue una herramienta pedagógica y política que conecta ancestralidad, resistencia y acción comunitaria frente a la crisis climática global.
En Pratt Park se escuchó una verdad incómoda y urgente: no hay justicia climática sin justicia racial.
El pregón, nacido en los márgenes, sigue siendo semilla de transformación. En las manos y las voces de artistas afrolatinos, se convierte en camino para la sanación, la acción y la transformación colectiva.















